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sábado, 4 de diciembre de 2010

Maneras de utilizar un gazpacho

Es increible como dos palabras sin relación entre sí pueden incitar a crear: Gazpacho y Muerte


Maneras de utilizar un gazpacho

—Lo cierto es que yo no quería, ¿lo entiende?

—Mi trabajo no es ese, yo no estoy aquí para juzgarte…

—Ya, ya… pero por lo menos puede escucharme, total… usted tiene todo el tiempo del mundo.

—Tanto como eso… tengo mucho trabajo y un horario que cumplir…

—Es igual, no la voy a acompañar, yo tengo que contarle lo del gazpacho, es lo único que se me ocurrió, como le gustaba tanto.

—Pero… qué pinta aquí el gazpacho, mujer no me entretengas…

—Qué no, qué de aquí no me muevo hasta que me descargue de este pesar, yo no soy ninguna asesina, pero este hombre mío me daba muy mala vida, muy mala, moradita me tenia de los golpes.

—Vale, ya sé que has terminado con el tiempo de tu marido, nadie mejor que yo puede saberlo, pero… ¿qué tiene esto que ver con el dichoso gazpacho?

—Si me deja terminar de contárselo se lo aclaro en un momentito, pero es que no me deja usted…

—Ya te he dicho que mi tiempo es muy escaso, hay muchos que me esperan…

—¡Pues que esperen! Yo no tengo ninguna prisa… como le iba diciendo… donde estaba yo… ¡ah sí! el gazpacho, le encantaba, a todas horas, en el desayuno, la comida, la cena y entre horas, pero eso sí…

—¡Pero qué, termina ya!

—Así como vamos a terminar, lo que le iba a decir es que le gustaba natural, nada de esos que se compran ya hechos, o sea que me tenía en la cocina un montón de horas pelando, cortando y mezclando las verduras y… siempre encontraba algún defecto, en treinta años nunca dejó de criticarme, ya sé, ya, era su excusa para las palizas que me daba.

—Un mal tipo, no escogiste muy bien…

—Ya… pero un día me cansé de aguantarle y fue cuando empecé a usar el arsénico, no duró mucho… tomaba tanto…

—Bueno eso ahora ya no tiene importancia, tenemos que irnos…

—¡Ah no! Ahora estoy tan bien, disfrutando de la libertad y de esta vida sin miedo, ¡me niego!

—Estás acabando con mi paciencia, nos vamos ya, tengo mucho que hacer… cuando te dio la primera paliza… ¿por qué no lo dejaste?.

—Y pasarme el resto de mi vida huyendo… mirando sobre mi hombro por si estaba detrás, no, ¡vaya solución!

—Está bien, dejemos esta estúpida conversación, nos vamos quieras o no.

—No quiero, y no le tengo miedo, además… estoy haciendo gazpacho… ¿no le apetece tomar un poco?

—¡Esto es increíble! ¡Pretendes matarme a mí! ¡A la Muerte!

Elysa

2 comentarios:

X dijo...

Jaja, buena conversación, me encanta cuando la Muerte es personificada, yo mismo pretendía escribir una serie de relatos con ella de protagonista pero la tengo aparcada... :-)

L.P dijo...

Me encanta el desparpajo y la ironía de este personaje, y cómo planta cara a la muerte. Muy bueno, Ely.

Besines
L;)