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| Ilustración regalo del blog Solamente Lechuga ¡¡¡¡Gracias!!!! |
—Entonces
¿esto es lo único que le devuelve Hacienda?
—Sí,
19,95 euros, es todo lo que le corresponde…
—Pero…
no entiendo, cómo es posible… con el sueldo que tenemos, lo que le
retienen y dos personas a su cargo…
—Pero
es que ustedes no están casados y por tanto a usted no se la
considera y de su hija, puede declarar la mitad.
—¿La
mitad? Ni que nuestra hija fuera un mueble…
—No,
señora, no se lo tome así…
—Y
cómo quiere que me lo tome, mi marido cobra un sueldo que hace
tiempo que no alcanza y a pesar de todo lo que le retienen solo nos
devuelven 19,95 euros, ¡pues no entiendo nada!
—Si
me permite un consejo… ¿Por qué no se casan? Así el año que
viene la devolución sería la que estipula la ley y no se llevarían
estas sorpresas.
—¿Casarnos…?
Entonces eso que dicen que todos somos iguales, la opción de elegir
como vivir, y bla, bla, bla… es mentira ¿no? Por lo menos para
Hacienda.
—No
sé que decirle, señora, pero no está en mi mano. Es la única
posibilidad que veo, al fin y al cabo ¿cuánto me han dicho que
llevan conviviendo?
—Treinta
años…
—No
sé, mire, yo he vivido unos años con mi pareja, pero cuando nació
nuestro hijo nos casamos por lo civil, nos dimos cuenta que
fiscalmente era lo más ventajoso.
—O
sea que no hay más narices que casarnos, ¡me da una rabia! Está
bien, empezaré a mover papeles.
—Mujer,
después de treinta años…, consuélese pensando que el año que
viene Hacienda les devolverá unos cientos de euros, eso sí, si se
casan antes de que acabe este año.
—¡Venga,
encima con prisas, a casarse! Pero pienso decirle al juez que
corresponda, que las palabras sean estas: Lo que Hacienda ha unido
que no lo separe nadie. ¡Jolín! Después de tantos años tener que
pasar ahora por todo este rollo…
Pues
eso, que me casan, que dentro de dos días dejaré de ser soltera y
oveja descarriada. Y no, no va a haber fotos ni nada de eso. Espero
convencer al funcionario que nos corresponda que la cosa sea rapidita
y sin tonterías varias. De testigos, nuestra hija y algún amigo que
pillemos libre. Y sí, ya lo sé, que treinta años para pensarlo es
tiempo, pero por unas cosas u otras se nos iba despistando.
