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martes, 28 de agosto de 2012

Pingüino y yo

Imagen de Google



Todas las mañanas, Pingüino y yo, a la hora del desayuno tenemos por costumbre sentarnos en la mesita que está pegada a la ventana. Comenzamos el día mirando la calle mientras conversamos.
Desde hace un tiempo Pingüino está muy circunspecto y todas nuestras charlas giran alrededor del mismo tema. Ha decidido irse con sus congéneres, dice que lo que observa cada vez le gusta menos.
He intentado convencerlo para que no tome esa decisión, pero me temo que día a día me voy quedando sin argumentos. Le cuesta entender, que muchos pasen apuros, para alimentar a sus hijos, mientras otros nadan en la abundancia. Le cuesta entender, que otros tantos no tengan un techo sobre sus cabezas, cuando existen miles de edificios que están vacíos. Le cuestan entender,  que para educarse haya que tener dinero. Le cuesta entender, que habiendo tanta gente preparada para curar la enfermedad, existan leyes que impiden que otros seres accedan a ellos.
Le cuesta entender, tantas cosas…, pero lo que menos comprende es por qué me limito a criticar mirando desde mi ventana sin hacer nada, por eso ha decidido que no merece la pena continuar conmigo y se vuelve con los suyos, que aunque irracionales, tienen unas reglas sencillas y claras que siempre cumplen.
¿Con quién miraré por la ventana todas las mañanas?

martes, 21 de agosto de 2012

Tango

Imagen de Google



     
         Desliza con suavidad la punta del zapato por el suelo gastado del viejo quilombo. A la luz mortecina del local se deja llevar por el sonido del bandoneón, suena triste, llora notas de sangre.
       Aprieta  con rabia el cuerpo que  cuelga blando  entre sus brazos, gira y gira en su loco desvarío intentando dar vida a ese tango que ha nacido marchito. Quiere volver al principio,  observa alucinado esos ojos que ya no ven,  su mirada se desplaza sin querer hasta el hilillo de sangre que muy lentamente escapa de la comisura de los labios,  nunca más le susurraran palabras de amor.
          Se ha cumplido la ley del arrabal. Esta mujer es suya y no bailará con otro.

lunes, 12 de marzo de 2012

Escenas

Fotograma de Johnny Guitar de Nicholas Ray




JOHNNY: ¿A cuántos hombres has olvidado?
VIENNA: A tantos como tú mujeres.
J. — ¡No te vayas!
V. — No me he movido.
J. — Dime algo bonito.
V. — Claro. ¿Qué quieres que te diga?
J. — Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años.
V. — Te he esperado todos estos años.
J. — Dime que habrías muerto si yo no hubiera vuelto.
V. — Habría muerto si tú no hubieras vuelto.
J. — Dime que me quieres todavía, como yo te quiero.
V. — Te quiero todavía, como tú me quieres.
J. — Gracias. Muchas gracias.*



¡Oh, mi amor! Ojalá lo hubieras hecho, ¿tanto te costaba musitar una mentira? Acaso no sabes actuar y decirme que me amas, que no puedes vivir sin mí. Mira lo que has conseguido. ¡Era tan fácil mentirme y decir que soy la única en tu vida! ¡Qué te costaba seguir el guion! Igual que lo hace Vienna ante Johnny Guitar  Esto es lo único que me queda: abrazarme a tu cuerpo frio.



  —¡Corten! Excelente, ha quedado muy bien esta escena, un descanso de cinco minutos, continuaremos con la siguiente toma. ¡Despejad el plató! ¿Puede alguien retirar ese cadáver?





*Diálogo de la película Johnny Guitar de Nicholas Ray