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lunes, 30 de mayo de 2011

La proclama del bardo

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Manuscrito encontrado en el décimo planeta de La Estrella Negra en el mes nuevo del Año 3391.




La nave aterriza y la multitud  reunida contiene el aliento, una sombra de temor y expectación recorre los pensamientos de los que allí se aglomeran.
Las puertas de la embarcación espacial se abren y por ella desciende un extraño personaje. Apenas un metro de altura, piernas delgadas y cortas, enfundadas en unas calzas de un rojo intenso, y apoyada sobre ellas una inmensa cabeza verde llena de pelos del mismo color.
—Saludos habitantes de La Tierra, soy el Bardo Mayor, fiel súbdito de su Majestad “El Gran Banco”, vengo a comunicaros que tenéis un día para desalojar vuestro planeta, mi Señor precisa de él para construir el jardín de su nueva residencia de verano…
—Pero… pero… qué dice ese mamarracho… —grita alguien entre la multitud, todas las cabezas asienten con vigor.
—Repito, tenéis un solo día para abandonar vuestro planeta… o debido a las obras que se precisan para su reforma…
—¡Qué… qué demonios de heraldo eres tú…! — exclama otra voz anónima.
—Sólo un día para abandonar vuestro planeta, o aceptar la extinción, nada más tengo que decir. —exclama el Bardo, el tono de su voz ha sonado implacable.
Un murmullo de estupor recorre a la multitud, el desconcierto es general, nadie se mueve, tensión y temor se mezclan por igual entre los allí reunidos.
—Vamos a ver, señor Bardo Mayor… ¿es posible solicitar una audiencia con vuestro Señor? —dice un hombre, caminando unos pasos hacia el Bardo.
—Eso es imposible… mi Señor no admite demoras, lo que quiere, lo tiene. Como explicarlo… Él es dueño y señor de todo mundo conocido, una vez toma una decisión no hay marcha atrás. Nadie osa enfrentarse a su atrabiliario carácter, os conmino a abandonar este lugar inmediatamente. Las obras empezaran mañana.  —grita el Bardo, emprendiendo el regreso hacia el interior de la nave.
La desbandada es total, todos corren sin sentido, sin saber exactamente que hacer, algunos simplemente se quedan donde están, tan estupefactos que son incapaces de reaccionar.


“Última entrada en el libro de memorias del planeta Tierra”

lunes, 16 de mayo de 2011

Encuesta o suicidio


                                                 Imagen de Google



Anécdotas de encuestadora III



—Buenos días, perdone que la moleste estoy realizando una encuesta sobre hábitos de compra, ¿dispondría de treinta minuto para atenderme?
—No tengo problema, a mí me gusta atender a todo el mundo, pero creo que no tengo ese tiempo.
—¡Ah, no se preocupe! Puedo volver en cualquier otro momento a lo largo del día, usted dígame cuando.
—¡Uy, eso va a estar complicado! Estoy suicidándome…
—¿Perdón…? Qué está haciendo qué…
—Me estoy suicidando, acabo de tomarme dos frascos enteros de pastillas para la ansiedad.
—¡Pero señora ¿Cómo se le ocurre hacer esa locura?
—¡Uy, hija! Si te cuento todo lo que me pasa no acabamos…
—¡Déjelo, déjelo! ¿Qué hacemos?
—Pues si quieres empieza con la encuesta y si no la acabamos la rellenas tú, yo no te voy a llevar la contraria…
—¡Será animal! ¡Lo que voy hacer es llevármela a urgencias…!
—¡Qué risa! En esta aldea no hay ni urgencias, ni médico, ni na.…
—Nos vamos con mi coche ¡pero ya mismo…! ¡Señora, señora! ¡No se me caiga por Dios! ¡Levántese, levántese…!
—Anda hija… toca en la casa de al lado… hay una como yo… seguro que te contesta… la encuesta…
—Yo la ayudo a levantarse, venga haga un esfuerzo, mujer… ¡Señora, señora…!

lunes, 9 de mayo de 2011

Otro posible comienzo






—Vamos a ver, los elefantes ya están ubicados, la familia hipopótamo ya tiene su charca, y… los cocodrilos, ¿alguien sabe donde deben ir...?
—Sí, Goliat, les he encontrado un habitáculo al lado de los rinocerontes. Relájate, prácticamente hemos acabado de acomodar a todos; el Arca está casi llena, falta encontrar espacio para las serpientes, hay que tener cuidado, no todos quieren vivir al lado de ellas.
—Me relajaré cuando zarpemos, ya está empezando a llover. Debemos terminar ¿alguien sabe qué quieren esos que están ahí abajo…?
—¡Ah, humanos! Quieren hablar contigo, creo que desean venir con nosotros…
—Voy a bajar, hablaré con ellos, prepara todo para zarpar.


—Capitán Goliat, venimos a buscar sitio en vuestra nave…
—Y… usted es…
—Noé y familia.
—Pues lo siento mucho, ya no queda sitio para nadie más.
—¡No puede ser, nosotros debemos ir o será la extinción, este Diluvio acabará con todo rastro de vida! ¡Ningún gorila por muy capitán que sea puede decidir eso!
—Tal vez, pero mi contrato con el Creador lo especifica claramente, sólo seres racionales. Lo lamento, tengo que dejarles, debo dar la orden de partir.

lunes, 2 de mayo de 2011

Soliloquio



Como explicarte el placer que me has proporcionado, no encuentro palabras para expresar lo hermosa que estás, ahí tendida en la cama; la luna también se alía con el instante, entra por la ventana y derrama sobre ti toda su belleza.
Sé que no vas a responder, no importa, desde tu silencio me entiendes; sabes que te amo. Existo para crear belleza en tu vida, para liberarte de toda la monotonía, me gustaría que te contemplaras en el espejo, tu sonrisa es tan radiante. Sólo a mí me la debes.
Me gusta verte ahí, tan relajada, silenciosa y ajena a todo, nada puede hacerte daño, nada. Este es el tributo de mi amor por ti.
La paz es tuya,  para mí… las preguntas. ¿Quién será la próxima?
 No puedo volver a asesinarte.

martes, 26 de abril de 2011

Objeto de deseo





Llevo horas ansiando este momento, durante todo el día no he podido pensar en otra cosa, sólo en llegar a casa y tenerlo delante mío; sé que es una locura, que esta relación no es sana, pero cada fibra de mi cuerpo suspira por él.
Siento el cosquilleo en mi estomago, escalofríos de placer me recorren al contemplar su hermosa figura, contengo mis ansias por sentir su sabor dentro de mí, quiero alargar el momento; necesito que el tiempo se estire para retener el placer que me proporciona. Mis dedos no aciertan a despojarlo de todo lo que me impide palpar su forma. Mis ojos no ven nada más que su blanda y escurridiza suavidad. Mi mente y mi carne reaccionan a un único impulso, es mío, solo mío y voy a tocar el cielo cuando lo tenga dentro de mí. Cierro mis ojos para saborearlo con delectación, notando su exquisita esencia en todos mis sentidos...

—¡Maldita sea! ¿Quién se ha comido el último bombón?




martes, 19 de abril de 2011

La llamada





—Parking Metro ¿dígame?
—Hola, buenas tardes, le llamo de la funeraria Eternidad, quisiera saber a que hora le viene bien que pasemos a recoger el difunto.
—Perdón… creo que se ha equivocado de número, esto es un parking, aquí no hay ningún muerto.
—Vamos a ver… yo llamo al 91454545 ¿es correcto?
—Sí, ese es el teléfono al que llama, pero como le…
—Bien, pues estamos de acuerdo, ahora sólo dígame cuando podemos pasar a recogerlo…
—Le repito, aquí no hay ningún fallecido, esto es…
—Ya me lo ha dicho, es un parking. Mire no sé que problema tendrá usted, pero servidor tiene que cumplir un horario, tengo más encargos para recoger, o sea que si usted es tan amable facilíteme una hora y allí estaremos puntuales como un reloj.
—Oiga ¿esto es una broma o qué? Déjese de cachondeos que yo estoy trabajando y váyase a molestar a otra parte…
—Pero qué cachondeo ni niño muerto. Yo tengo este número para retirar  un cadáver y eso es lo que voy a hacer. Mire déjese de tonterías y dígame la dirección y en un momento estamos allí…
—¡Ya está bien! ¡Se acabo esta conversación! ¡Buenas tardes!

Rigg, Rigg, Rigg

—Parking Metro ¿dígame?
—Buenas tardes…
—¿Otra vez, usted? Se lo voy a decir una vez más, ¡aquí no hay ningún muerto que recoger!
—¡Oiga, oiga! Ya me está dando su nombre y su puesto y va a saber quien soy yo…
—¡Qué bien! Ya no me pide un muerto. Mi nombre es Juan Car…
—¿Pero usted está seguro que ahí no hay ningún muerto? Mire que estamos en verano…
—¡Madre mía, es usted una pesadilla! ¡Váyase a buscar su difunto al cementerio, que allí hay muchos y déjeme a mí trabajar en paz!
—Vale, vale, no se ponga usted así, que no es para tanto. Pero… ¿está totalmente seguro?

¡Pfaff!

—Me ha colgado, hay que ver lo maleducados que son algunos y ahora… ¿Dónde busco yo un muerto?




martes, 12 de abril de 2011

Café con cotilleo




                                             
  




Tomaba mi café de la mañana, el que necesito para despertar, no tenía excesiva prisa. Contemplaba el gentío de la cafetería, con desgana y de pronto detrás de mí  unas voces me llamaron la atención; no pretendía escuchar, aunque era inevitable, no hablaban precisamente bajo, ya no pude dejar de seguir la conversación que se desarrollaba a mi espalda
—¿Te has enterado Herminia?
—No, ¿de qué?
—Pues de qué va a ser, que el marido de la Flora la ha palmado...
—¡Ah! bueno, eso ya no es novedad, qué esperabas…
—No, ¡jolín!, qué no te enteras, no es como la ha “espichado”, sino donde...
—¿Dónde pues?
—¡Donde va a ser!, en casa de su cuñada, en la cama con ella; por lo visto llevaba ya unos cuantos meses poniéndole los cuernos a la Flora. Se ha montado un lío, qué te voy a contar, ha habido más gritos que en el infierno. Flora le ha dicho a su hermana de todo lo habido y por haber, lo más fino: puta, imagínate lo demás y del muerto, dice que no se piensa hacer cargo, que lo entierren en la fosa común y con viento fresco.
—¡Pobre Flora!, menudo papelón, y hay que ver el marido, con ochenta y dos tacos en el cuerpo, anda vamos y me cuentas más, pero vamos, que me espera mi hija para llevar al nieto al médico...
Las mujeres se van; no puedo evitar una sonrisa, pensando en el difunto, ¡vaya tipo! Me imagino que se ha ido contento, aquí ha dejado liada una buena.

















martes, 5 de abril de 2011

La señora está ocupada

 Anécdotas de encuestadora II

—Buenos días, ¿podría hablar con el ama de casa…? —dice la entrevistadora, sujetando con fuerza su carpeta.
—Lo siento, en este momento la señora está ocupada, si quiere pasar más tarde… —responde el hombretón, con una sonrisa amable.
Ante la encuestadora, una masa de músculos enfundada en un escueto calzoncillo de cuero, cruzando sus pectorales dos correas adornadas con  tachuelas, y en su enorme mano izquierda un pequeño látigo, terminado en finos hilos metálicos.
—No… no se preocupe, sólo estoy realizando una encuesta… Gracias…, hasta luego.
—No hay de qué, hasta luego.
—¡Uff…!

martes, 29 de marzo de 2011

Cambio de dirección


La tarotista levanta la carta, el consultante se remueve inquieto en su silla.
—La Muerte, buena carta, no te asustes, te indica que es momento de realizar un cambio de dirección en tu vida, te recomiendo que le hagas caso —dice la profesional del Tarot, una sonrisa ilumina su cara.
—¿Dicen algo más? —susurra el hombre, la expresión de su rostro es de tenso anhelo.
—No, nada más, lo más importante ya te lo han dicho, cambio… cambio total.
Ya en la calle, el hombre coge su móvil, marca con seguridad un número y espera.
—¿Clínica Nuevos Tiempos? Buenos días, deseo pedir una cita…
—…
—El motivo… quiero realizar un cambio de sexo.

lunes, 21 de marzo de 2011

Línea equivocada

Dice un buen amigo mío que así no se potencia el transporte público. Pero aquel día la manera de correr del conductor me inspiró esto.   



      
Me equivoqué de autobús. Lo cierto es que en ese día todo parecía estar en mi contra, llegué tarde al trabajo, discutí con mi jefe, me olvidé de comprar el encargo de mi mujer, y en las prisas por llegar a tiempo a casa no miré el número de la línea.
La actitud del conductor debería haberme sorprendido, tanta solicitud y cortesía no eran las habituales.
—Buenas noches, póngase cómodo, al fondo tiene un buen asiento, encantado de que viaje con nosotros.
Era la primera vez que me trataban así en el autobús. Realmente sorprendido me dirigí hacia el interior del vehiculo y mi extrañeza fue mayor, una hermosa mujer de grandes ojos  me señaló el asiento contiguo al suyo, invitándome con coquetería a ocuparlo.
—Hola guapetón, siéntate a mi lado, así el viaje será menos aburrido —dijo, su mano de largas uñas pintadas de rojo se posaba sin disimulo en mi entrepierna.
 Sentí como un intenso calor se instalaba en mi cara, en un vano intento de disimular mi incomodidad, me concentré en mirar por la ventanilla, pero nada pude ver, todo estaba oscuro, demasiado, era muy extraño.
Creo que en ese momento adquirí conciencia de que algo no estaba bien, giré mi vista hacia el fondo y lo que vi me produjo escalofríos.
El asiento posterior estaba ocupado por un personaje disfrazado de payaso, pero algo en su pose indicaba que su cuerpo había sido seriamente vapuleado, para ser sincero me dio la impresión de que un camión había decidido jugar al ping-pong con él, aunque comparado con su compañera de viaje estaba relativamente presentable, la pobre anciana presentaba un terrible corte en su cuello y sus intentos de mantener una conversación con el payaso  terminaban en un inquietante escape de sonidos ininteligibles. En ese instante mis pensamientos eran ya un caos, contemplé al resto de los pasajeros, parecían tan normales como yo, excepto quizás una delicada joven que ocupaba uno de los últimos asientos del autobús, parecía realmente abatida y su vestimenta que me recordaba a un camisón de dormir, no era la más adecuada para esa época del año.
La mujer morena seguía con su mano en el mismo lugar, yo estaba tan asustado que me levanté y me dirigí al conductor queriendo aparentar una seguridad que en mi interior no existía.
—Perdone, pero he debido equivocarme de autobús, me gustaría bajarme en la próxima parada.
—Ja,ja,ja, gracioso el amigo, usted era mi última recogida, ya he cumplido mi cupo y vuelvo a mi base —dijo esto con un tono burlón, nada que ver con la cordial bienvenida que me había dispensado cuando subí.
—Vamos hombre, no creo que le suponga ningún problema, abra la puerta y en un segundo me bajo.
—Amigo, ya le he dicho que no hay más paradas, de aquí no se baja nadie — exclamó con un matiz realmente malévolo, yo sentía que mi poca paciencia se estaba acabando.
—Bueno, por lo menos digame en que línea me he subido, así sabré como volver a casa, eso si puede hacerlo ¿no?
—Eres un tipo realmente molesto, pero... ¿no es evidente en que línea viajas?
—Pues no, no me he fijado, llevaba prisa...
—¡Mala suerte!, ya no puedes enmendar el error, mi última parada es...El Infierno.


    


jueves, 10 de marzo de 2011

Una travesura



El hombre avanza con tranquilidad por el amplio pasillo, sus ojos van buscando la silueta familiar. De pronto, ya con seguridad se dirige hacía una niña que cabizbaja, permanece sentada en la silla.
—Y… esta vez ¿qué ha pasado? —dice, sentándose  y buscando la mirada de la chiquilla.
—Me han dicho que he roto todos los cristales… y yo no he sido, pero no sé que ha pasado, se han empezado a destrozar todos…— exclama la pequeña, sus ojos negros suplicando comprensión cuando levanta su cabeza buscando la mirada de su padre.
—Vamos a ver Eli, según me han informado en la entrada, se han roto doce cristales, a ti te han pillado con la pelota en las manos; eras la única en la plaza delante del ayuntamiento y para rematar, un vecino te vio lanzando hacía las ventanas. Para todos está claro quién ha sido, quiero escuchar tu versión antes de contárselo a tu madre.
—La verdad, papá es que todo ha sido culpa de Manolo…
—¿Manolo? ¿Quién es ese?
—Pues Manolo, el hijo del alcalde, ya sabes, que siempre se mete conmigo, me ha llamado torpe y desastre con patas.
—Y…
—Pues eso, que me ha dado tanta rabia que le he lanzado la pelota, yo quería darle un balonazo en su cara fea, pero se ha ido hacia el cristal y de repente se han empezado a caer todos. Yo no quería romper nada…
—¡No, que va! Sólo la cara del tal Manolo…
—¡Es que es un asqueroso! ¡Siempre se está metiendo conmigo! — exclama Eli, su cara es la viva imagen de la impotencia —Su padre me ha dicho que de aquí no me iba a mover hasta que pague todos los cristales o me metía en la cárcel.
—¡Qué animal!, eres una cría no te va a meter en ningún sitio y por supuesto yo no le voy a dejar —dice el hombre, sus cejas se arquean con fastidio mientras sus ojos miran con firmeza a su hija. —En fin, tenemos que ir pensando como se lo decimos a tu madre, va a poner el grito en el cielo, los cristales hay que pagarlos…
—¡Todos! ¡Pero si yo…!
—¡Eli, a callar! Te creo, no pretendías romperlos, pero ha sucedido, tengo que pensar como le puedo colocar la historia a tu madre y además como lo hago para pagar sin que se entere. ¡Menudo lío!
—Papá… este mes no me deis paga.
—Ni paga, ni tebeos del Capitán Trueno y El Jabato, me temo que no vamos a poder comprarlos en una buena temporada —dice el padre, girando su cabeza para evitar que su hija vea que a duras penas consigue contener la risa —Esos cristales cuestan bastante dinero, ni con tu paga de todo un año conseguiremos cubrir el gasto.
—¡Ay, ay… la que me va a caer! —dice Eli, sus ojos reflejan consternación.
—Venga, por el camino iré pensando que le contamos a tu madre.
El padre se levanta y camina hacia la salida, la niña le sigue murmurando entre dientes.
—Escóndete bien Manolo, porque cuando te coja vas a saber lo que es bueno, esta me la pagas.
—¿Has dicho algo Eli? ¿Qué murmuras? —dice el hombre, volviendo apenas su cara para contemplar a su hija.
—Nada papá, nada…


miércoles, 2 de marzo de 2011

Aguamarina


Collar y pendientes de aguamarina facetada, perla natural y plata 925 by Elyely


AGUAMARINA

Del latín, agua de mar.

Recuerda los paisajes marinos, como su nombre indica. Es tranquilizadora y agradable a la vista y está considerada como la piedra que trae alegría después de un suceso triste.

La aguamarina es una piedra de coraje. En el pasado se creía que anulaban las fuerzas de la oscuridad y atraían el favor de los espíritus de la luz. La llevaban los marinos como talismán para no ahogarse.

Tiene además el poder de invocar la tolerancia de los demás, afila el intelecto y aclara la confusión.

Una curiosidad: Los poderes curativos del Aguamarina se mencionan en los cuatro libros sagrados de India (libros vedas).
Durante la Edad Media se creía firmemente que era capaz de parar la acción de cualquier veneno.

miércoles, 23 de febrero de 2011

El tarot habla

Otro sobre objetos... ¿inanimados?



—¡Preparaos chicas, creo que tenemos trabajo! —dice El Mundo, está situado el primero en el mazo, se remueve imperceptiblemente.
—¿Puedes ver al consultante? —pregunta La Luna—, espero que no sea una sesión muy larga estamos cansadas, demasiadas desgracias y rupturas.
—¡Oh no, es Irene! — revela El Mundo, todas las cartas emiten un suspiro de fastidio a la vez.
—No, ya está bien, no lo aguanto más, —exclama Los Enamorados, intenta alejarse de la baraja, pero el resto se amontonan más firmemente y es imposible moverse— Por favor, dejadme ir, sabéis que la pregunta será la misma, cuando encontrará novio, y la respuesta se repetirá como siempre. ¿Qué más podemos decirle?
—Tienes toda la razón —dice El Mago— esta muchacha está tan obsesionada con el tema que es incapaz de ver lo que tiene a su alrededor, no hay manera de que entienda que nosotras no somos la solución, tan solo podemos orientarla.
—¡Ja! Si me dejáis actuar a mí, veréis que pronto soluciono el problema.
—Habló El Diablo. ¡El que faltaba!, el gran mentiroso tiene la solución, solo nos faltan tus enredos y maquinaciones para liar a esta pobre chica.
—¡Así se habla, Mago!, estoy contigo, no debemos dejar que actúe este embustero  — interviene La Sacerdotisa, discretamente va arrinconando al Diablo al fondo de la baraja—  pero yo también estoy cansada, y creo queridas que debemos utilizar todo nuestro potencial en inspirar a Lisa para que hoy consiga que Irene reaccione y empiece a vivir su vida sin la adicción que tiene hacia nosotras.
—Yo os propongo algo, si La Rueda de la Fortuna quiere colaborar —exclama El Juicio—  Rueda, haz lo que sea, pero hoy tienes que salir la primera, Lisa lo entenderá y conseguirá convencer a Irene para dejar la tirada para otro día...
—No entiendo esa solución, es solo demorar el tema —suelta El Loco, que es el último y quien aguanta al resto de sus compañeras.
—Déjame terminar, todas sabemos que Lisa, cuando finalice la sesión, trabajará con nosotras para despejarse, ahí es donde debemos conseguir que vea la solución. ¿Recordáis a Luis?
A lo largo de toda la baraja se oye un rumor, hay risitas de compasión y un algo de cariño.
—Es mi consultante favorito. —responde El Colgado. —Es un buen muchacho, muy apocado y necesitado de cariño, la verdad es que no suele tener mucha suerte cuando viene. ¿Por qué lo mencionas, Juicio?
—Muy sencillo, tenemos que dar a Lisa todas las pistas para que cite a estos dos solitarios el mismo día y a la misma hora. Todo en mi lámina me dice que estos dos van a entenderse; ellos son incapaces de encontrarse, tendremos que ser nosotras las que montemos la escena propicia para que esto se produzca, además...
—¡Sigue, Juicio sigue!, la verdad es que me complace la idea y nuestras habilidades bien combinadas pueden llevar a un excelente final —prorrumpe el Sumo Sacerdote, su voz severa se deja oír en toda la baraja.
—Solo iba a añadir que siempre habéis confiado en mi buen juicio, jajaja —suelta El Juicio, provocando una carcajada general entre los veintidós arcanos.
—A mí me encanta, es muy romántica, ¡oh, es una maravillosa idea! —canturrea La Estrella, activa un alegre murmullo afirmativo a lo largo de toda la hilera.
—¡Chicas, preparadas! Ahí vienen las dos, vamos con nuestro trabajo, esto se va a poner muy emocionante — ruge La Fuerza— ¡a por nuestro objetivo!
—¡Voy compañeras! Yo empiezo… —explica La Rueda Fortuna, produciendo vibraciones musicales—. Como dice la canción: ¡Hoy puede ser un gran día!




domingo, 13 de febrero de 2011

Diálogos delirantes

Este es un divertimento que surgió cuando me pidieron que escribiera sobre un objeto inanimado.



—Está claro, esta forma de encontrarnos tiene que acabar, no puede ser, he dejado de dormir para encontrarme contigo, eres una adicción y un tormento.
—A mí no me lo digas, yo no te llamo, paso el día tranquilamente en mi cajón y no me meto con nadie; mi cometido es muy simple, esperar a que tú decidas cuando y como emplearme. No tengo voz ni voto en esta historia.
—¡Ah, no! No me vengas con esas, sabes perfectamente que ese inmaculado cuerpo tuyo me incita, y no tengo más remedio que empezar a llenarte de palabras; esas  qué me hacen sufrir, qué nunca están como yo quisiera y luego al nombrarlas no suenan como espero. Me tienes enganchada a ti y aunque algunos días piense en olvidarte, inevitablemente vuelvo a tu morada y como una autómata mis manos te toman y vuelta a empezar.
—Tal y como te expresas parece que siempre estuviéramos juntas, pero no me engañas, me has sido infiel. Te he visto como miras también a esa pantalla en blanco, de la misma manera que a mí, no, no es cierto, con más pasión. Tus dedos vuelan y aporrean con vehemencia el teclado, te aíslas de tal manera que nada ni nadie existen para ti.
—Eso no es cierto, ¿cómo puedes pensarlo?, tú has recibido la idea, que luego trasladaré “a esa pantalla”, eres la primera que acoge el mensaje, dueña del tema que crearé. ¿Cómo puedes reprocharme eso?
—Yo no te reprocho nada, tan solo pongo las cosas en su sitio y la realidad es esa, aunque tú no lo quieras ver. No me acuses a mi de tus tormentos y tus neuras, porque yo no soy la causante, sólo soy un instrumento.
—¡Está bien, dejémoslos!, esta conversación es absurda; al fin y al cabo soy la autora, yo te he dado la voz, y ahora mismo encuentro que es estúpido estar hablando con un  folio en blanco.
—Tú sabrás, como comprenderás soy un objeto inanimado, sin vida, pero sé muy bien como te pones cuando quieres escribir, ¡inaguantable!; tu mente no para, vas pergeñando una idea tras otra y ninguna te parece bien, es como si ya no existiera nada más importante en el mundo.
—¡Basta ya!, me he equivocado de parada en el metro, luego me ha sucedido lo mismo en el bus, todo por ir hablando mentalmente con una hoja de papel. Creo que no estoy loca, pero tampoco me siento totalmente cuerda, definitivamente está relación tiene que acabar.
—¡A mí no me mires!, recurre a un psiquiatra o deja de inventar historias; tú veras lo que haces. Como bien dices has creado esta conversación, por tanto tienes el poder para acabarla cuando quieras, si no sabes salir de este diálogo de besugos, quizás deberías plantearte que eres incapaz de describir lo importante que soy para ti.
—¡Basta ya! ¡Ahí te quedas!, qué otro te dé utilidad, para mí esta historia ha terminado. ¡Adiós!
—¡Adiós!, ya volverás...
—¿Qué has dicho?
—Nada, nada... no he dicho nada.


jueves, 3 de febrero de 2011

Obsesión



Nació bajo el estruendo de aquellos inmensos aviones, creció viéndolos despegar y aterrizar, su casa era la más cercana a la verja que separa la última pista del aeropuerto.
Cuando fue capaz de caminar siempre iba al mismo lugar, aquella verja era como un imán, que lo atraía con fuerza. Encajaba sus dedos entre los agujeros de la valla y allí permanecía horas, absolutamente inmóvil, contemplando aquellos monstruos metálicos que ascendían al cielo.
Soñaba con los países de donde procedían, con los miles de lugares donde aterrizarían, sí, todos los días sin fallar ni uno durante toda su adolescencia acudió. El primer beso fue allí. Tal vez por eso su primer amor lo abandonó.
A todos les contaba lo mismo: seré piloto, viajaré por todo el mundo, conoceré países exóticos y lugares que nunca habéis imaginado.
Cuando se casó, durante los  días de luna de miel sintió que le faltaba algo, su verja, sí, fue lo primero que hizo al volver, acudir a enganchar sus dedos y contemplar aquellas salidas y llegadas.
Al nacer su primer hijo, ¿donde estaba?...  En su verja. Siempre allí, con los ojos en el cielo, contemplado las entradas y partidas,  intuyendo que en ninguno iría.
 Despacito, despacito, a veces solo, a veces acompañado de su nieto, seguía acudiendo a su lugar, el mismo razonamiento en su cabeza: ¿Debí soñar menos, y actuar más?
La verja sigue allí, herrumbrosa, medio derruida. Ya nadie acude a engancharse, pero si os fijáis bien, cuando el atardecer va dejando paso a la noche, un extraño remolino apenas entrevisto se acerca a ella y deja oír inexplicables sonidos al pasar a través de sus agujeros.


domingo, 30 de enero de 2011

Piedra del Sol



          Collar y pendientes de Piedra del Sol y plata 925 by Elyely

                            




Es la piedra de la alegría. Da alegría de vivir y buen humor y potencia la intuición.
Cuando la vida parece haber perdido su dulzura, la piedra de sol te ayuda a nutrirte a ti mismo, aportándote luz y energía y permitiendo que tu verdadero yo brille con luz propia. Es una piedra que aporta una poderosa conexión con la luz y el poder regenerador del sol.
Es extremadamente útil para cortar enganches que podamos tener con otras personas tanto a nivel mental como emocional. Es bueno llevar una piedra de sol si nos cuesta decir que NO o si estamos constantemente sacrificándonos por los demás.
Una curiosidad: El médico y filósofo Avicena, en su libro Canon de la medicina, recomendaba esta piedra para las enfermedades de la vista.

lunes, 24 de enero de 2011

Un poquito de humor... negro


Anécdotas de encuestadora  I





—Hola, buenos días, ¿es usted el ama de casa? —dice la encuestadora, exhibiendo su mejor sonrisa.
—Sí, soy yo, ¿qué se le ofrece? —contesta la mujer, que ha abierto la puerta.
—Espero no molestarla, pero estamos realizando una encuesta para amas de casa y quisiera pedirle un poco de su tiempo para responder a unas preguntas. ¿Sería usted tan amable de atenderme? —responde la entrevistadora, mirando con fijeza a los ojos de la mujer totalmente vestida de negro que le ha abierto la puerta.
—Sí, no hay ningún problema, si… soy capaz de responder, es que yo no entiendo mucho —dice la mujer enlutada, abriendo más la puerta —Pero… pase, pase usted, estaremos más fresquitas dentro, hace mucho calor.
—Se lo agradezco señora, realmente es terrible el calor que hace, no se puede ni respirar. De antemano le doy las gracias por su tiempo, y no se preocupe, son preguntas sobre productos de limpieza, no son  complicadas.
—Luego… ¿no me venderá nada? Es que hoy no tengo cuerpo para comprar ninguna cosa —dice la dueña de la casa, mirando un poco recelosa a la entrevistadora.
—No, no, nada de eso, esto sólo es una encuesta sobre productos de lavadora, yo no vendo, ni después van a venir a venderle nada, no se preocupe. No me he presentado, mi nombre es Rosa. —responde la encuestadora, sujetando con fuerza su carpeta llena de impresos y moviendo con nerviosismo la otra mano mientras habla.
—¡Ah, vale! Pues pase, venga conmigo, en el salón estaremos mejor, nos sentamos un rato y así usted descansa a la fresquita.
Durante unos segundos las dos mujeres avanzan por la fresca penumbra del corto pasillo, hasta llegar a una habitación sumida en una oscuridad que apenas permite ver su interior. La dueña de la casa avanza con familiaridad hacia un  rincón y enciende una lamparita  que apenas alumbra la estancia.
—Le parece bien que nos sentemos aquí, ¿tiene bastante luz? —dice la mujer, señalando dos sillas.
—Sí, hay suficiente, no se preocupe, son sólo cinco minutos, no la voy a molestar mucho —responde Rosa, abarcando la oscura habitación, sorprendida por la cantidad de sillas dispuestas en dirección a una especie de baúl rectangular que se ve al fondo.
Durante unos minutos, Rosa pregunta y la mujer responde a las cuestiones planteadas.
—Y para finalizar le voy a hacer unas preguntas, es para los datos sociodemográficos, ¿su edad?
—Cincuenta y ocho años.
—¿Su estado civil?
—¡Vaya! Eso ahora mismo no lo sé.
—Perdón… ¿Cómo que no lo sabe? No quiero molestarla, si tiene algún inconveniente me puede contestar “no sabe/no contesta”, no es lo habitual pero…
—No, no, que va, es qué… ahora mismo no sé como considerarme, no sé si ya soy viuda o todavía estoy casada, porque el difunto todavía sigue allí, ¿quiere usted verlo? Está ahí al fondo del salón.


FIN

Este relato surgió de dos palabras: encuesta y difunto.

lunes, 17 de enero de 2011

Ágata de la India


         Collar de Ágata de la India con plata 925 y flor del piel by Elyely



Ágata… se usa para impedir sentimientos de envidia, despecho, rencor y culpa. Repara el agotamiento. Tener confianza en las ágatas es estar dando el primer paso para salir del círculo de pensamientos depresivos.
Su efecto limpiador es poderoso tanto a nivel físico como emocional. Ayuda a eliminar los deseos ansiosos y autodestructivos, y puede ser útil para tratar adicciones.
Es una piedra calmante y aliviante y trabaja despacio pero aporta una gran fuerza.

martes, 11 de enero de 2011

¡Aquí huele a crimen!

Este cuento nació de la sugerencia de cuatro palabras: Perro verde, zapatilla, feria e insectos




¡Aquí huele a crimen!


La zapatilla descansa ensangrentada sobre el asfalto, la noche apenas permite ver más detalles de los alrededores, un vehículo, semejante a un grotesco acordeón maltratado por un niño rabioso, se esconde entre las sombras que las farolas de la calle provocan.
—¿Qué le parece inspector? —dice el hombre, agachado, intentando manipular sin éxito la zapatilla con la punta de un bolígrafo.
—No sé, Rodríguez, déjeme que me despeje, me acaban de sacar de la cama con este aviso —responde el inspector— lo que si tengo muy claro es que los bomberos van a tener que utilizar un abrelatas gigante si quieren sacar los cuerpos de ese coche.
—Cierto inspector, me temo que el espectáculo no va a ser agradable.
—¡Qué me condenen, vaya noche nos espera Rodríguez! —exclama el inspector, dando una mirada circular a toda la escena.
—Seguro señor, pero a mí esto me huele mal, no sé, mi nariz de sabueso me dice que aquí el aire apesta a crimen — manifiesta Rodríguez, sus ojos tienen una expresión de detective al acecho.
—Déjese de tonterías, Rodríguez, aquí no huele a nada más que a un accidente de circulación  —clama el inspector, con cara de fastidio— ¡Con lo calentito que estaba yo en mi cama, después del palizón que me ha dado mi nieto en la feria!
—Pero… pero señor inspector, yo creo…
—Rodríguez, ¡no me toque la moral! Y déjese de sandeces, esto es un suceso fortuito y nada más. —chilla el inspector, cercano ya a la histeria, gesticulando sus manos como si quisiera ahogar a su subalterno.
—Con el debido respeto señor, a mí me suena a crimen, esto es muy raro, sólo la zapatilla está fuera y los cristales del coche están llenos de esos insectos tan raros.
—¡Vaya por Dios!, ahora los bichos, lo que me faltaba por oír —prorrumpe el inspector, la furia asomando por sus ojos— ¡Rodríguez, escúcheme bien! Le prohíbo, ¿me ha oído?, le prohíbo terminantemente volver a leer ni una novela de detective más.
—Pero… yo…
—¡Rodríguez! Ni una palabra, no quiero oírle en todo lo que queda de noche, ¡chitón! Si le sigo escuchando acabaré por ver un perro verde. —exclama el inspector, alejándose con largas zancadas hacia el resto de las personas que se afanan con rapidez en despejar la zona.
Perro verde, perro verde…—musita Rodríguez— ¡qué sabrá él!, ¡no reconocería un crimen ni aunque se produjera antes sus narices!. ¡Qué suerte más negra, la mía!.

FIN





jueves, 6 de enero de 2011

Piedra de Luna


            Gargantilla de piedra Luna, plata 925 y cordón by Elyely              


Piedra de la Luna

Es la piedra de la intuición. Es difícil equivocarse con ella, cuando la miras estás contemplando la superficie de la Luna. Su efecto más poderoso es el de calmar las emociones. Esta llena de energía receptiva, positiva y femenina. Alivia la inestabilidad emocional y el estrés.